viernes, 18 de mayo de 2012

Basta de soñar, es hora ir más allá

"Somos todos culpables de la ruina del planeta. La salud del mundo está hecha un asco. 'Somos todos responsables', claman las voces de la alarma universal y la generalización absuelve: si somos todos responsables nadie lo es", escribió Eduardo Galeano en su cuento Cuatro frases que hacen crecer la nariz de Pinocho. He aquí un mundo donde todos tenemos la razón y en realidad nadie la tiene. Sabemos que hemos estado destruyendo la Tierra desde hace muchos años, pero ¿hacemos algo por ella? Por supuesto que sí, desde que las palabras tomaron más poder que los propios actos creemos que con solo decir que somos culpables de la ruina del planeta ya hacemos mucho por recuperarlo.

Somos seres que suponemos que con hablar vamos a cambiar la tierra donde habitamos; sin embargo, vivimos en un mundo donde cada quien cuenta su versión de la historia como le conviene: "Si Eva hubiera escrito el génesis, ¿cómo sería la primera noche de amor del género humano? Eva hubiera empezado por aclarar que ella no nació de ninguna costilla, ni conoció ninguna serpiente (...) Que todas esas son puras mentiras que Adán contó a la prensa", publicó Eduardo Galeano en su cuento Puntos de vista. Entonces, es mejor fantasear con que el mundo cambie algún día o nosotros aceptar que la culpa es de cada uno. Ya que nos encanta sentirnos parte del montón, si todos lo hacen yo también y la falta es de todos.

Si tan solo pensáramos que nacemos solos y por tanto morimos de igual manera, comprenderíamos que cada uno hace parte del mundo, teniendo un corazón distinto y, por consiguiente, diferentes maneras de ser y de entender la vida. Pero a pesar de esa desigualdad, todos nos identificamos, como dice Eduardo Galeano en su cuento Utopia: "Al delirar un poquito y adivinar otro mundo posible", de esta manera trata de el ser humano de sentirse "feliz", soñando en un mundo Eduardo Galeano describe, en su cuento Utopia, como un lugar en el cual "Nadie vivirá para trabajar, pero todos trabajaremos para vivir". Qué mejor que esto fuera cierto, pero en realidad no lo es, pues así como menciona Eduardo Galeano en su cuento Utopia: "Los políticos creen que a los pobres les encanta comer promesas". Y aunque sus palabras son muy inspiradas no estoy de acuerdo cuando él dijo que a Dios se le había olvidado de hacer un mandamiento: "amarás a la naturaleza de la que formas parte", puesto que si Dios creó la naturaleza , ¿cómo sería posible que Él quisiera que nosotros la destruyéramos? Más bien, si nosotros hiciéramos caso a su primer mandamiento, amarás a Dios sobre todas las cosas, valoraríamos su creación y la amaríamos tanto que no pudiéramos arrancar ni un pétalo de una rosa.

De igual manera, al Eduardo Galeano decir en su cuento Utopia, que la muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes y que nadie morirá de hambre, me complacería demostrarle con la palabra de Dios que esto no será un sueño con que la humanidad tendrá que morir sin haberse hecho realidad, pues muy pronto se cumplirán sus profecías y podremos vivir en el paraíso de Edén que nunca pudimos conocer, pero que pronto haremos parte de este.

Por esto mismo, cuando Eduardo Galeano dice que los desesperados y perdidos serán encontrados, ya que se han cansado de esperar y de tanto buscar. Es la misma situación que vive el ser humano al creer que alguna vez el Estado va a poder conseguir la paz. Sería algo contradictorio, ya que somos los seres humanos culpables de que este mundo esté lleno de maldad y con nuestras propias manos lo destruimos. Por lo tanto, ¿cómo podría un ser imperfecto conseguir la paz de toda una humanidad? Por más buenas personas que haya en el mundo, siempre habrá en su corazón algún defecto. Así que como Eduardo Galeano sueña con un mundo sin sufrimientos, yo me siento plenamente feliz de no solo soñar sino de sentir en mi corazón que muy pronto Jehová Dios cumplirá todos nuestros anhelos. No tendremos que ir más a cine para creer en los finales felices, pues el final de la maldad está muy cerca y el comiendo de la verdadera felicidad se encuentra muy pronto.




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