Pero ahora que abro los ojos y despejo esa cortina de humo que antes me impedía observar, pude contemplar que en este lugar fue donde Medellín comenzó a formarse como la gran ciudad que es ahora y así conocer el gran significado que esta zona tiene.
Empecé a disfrutar de mi recorrido por el Centro desde que llegué a la Antigua Estación del Ferrocarril. Un señor muy amable accedió a contar su historia en ese viejo tren, donde hoy ni siquiera queda sus vías férreas. Habló mucho sobre su experiencia, pero lo que más me impacto fue cuando describió la manera en la que viajaban, ya que en el techo iban las maletas, pero tenían una sorpresa debajo de sus sillas, las cuales eran negras con patas altas, dando espacio para que todos sus viajantes pudieran amarrar, meter en costales o como fuera a los animales que estos poseían, sin importar la naturaleza de aquellos: gallinas, patos, perros, hasta marranos hacían parte de la tribulación. Cuando el tren emprendía su viaje, estos se mareaban y llegaban igual de cansados que las personas.
Al caminar un poco más y escuchar la frase muy común de los colombianos: "Esto pasó de Guatemala a guatepior", una señora contó que cuando funcionaba el tren, muchas personas de todos los pueblos de Antioquia podían constantemente ir a Medellín, pero ahora que está en el olvido, los pueblos se desconectaron de la ciudad e igual que el tren, quedaron inmóviles.
Siguiendo mi recorrido vi de causalidad a dos ancianas que pensé que me podrían contar una buena historia, pero como típicas viejitas pensaron que les iba a robar o hacer algo malo y solo me dijeron: "No niña, no sabemos nada", voltearon su cara y siguieron hablando. Me sentí ignorada, les dije "gracias" y seguí derecho. Al salir de ese sitio lo primero que percibí fue el solazo que estaba haciendo, caminé un poco y llegué al Parque de las Luces, donde mi primera imagen, fue ver un señor con un sombrero vaquero negro y de cuero, con una posición muy Alejandro Fernández, con su pie sobre la carretilla donde vende frutas. Al subir mi mirada y ver su cara, ¡vaya sorpresa!... este "mexicolombiano" estaba sacándose mocos y haciendo bolitas con ellos.Fue suficiente para mí, así que continué y al desviar mi mirada descubrí que una de las fuentes de agua del Parque de las luces sirve como lavadora, ya que una indigente estaba lavando su ropa y después el suelo servía como secadora, poniendo tres camisas y dos blue jeans a secar. Me quise acercar más a ella, cuando dos indigentes me gritaron: "¡cuidado!" Y me señalaron el piso, en donde pude descubrir que el suelo de este Parque también sirve como baño público.
Cambié mi camino y vi dos ancianos sentados en una silla tocando la guitarra, y uno de ellos quiso compartir su historia: fue desplazado por la violencia y por los grupos armados, los cuales lo obligaron a abandonar su tierra y venirse para Medellín, en donde lleva viviendo 33 años. Sin pelos en la lengua contó que él antes era un ladrón y se mantenía fumando marihuana en las calles del Centro, pero desde hace siete años todo eso cambio, ya que su amigo, con el que estaba sentado, le dijo un día: "Coja una guitarra y vámonos a cantar". Poniendo su mano en el hombro del amigo dijo: "Ah, este man es el culpable de que yo esté así". Formaron el dueto llamado "Renovadores musicales" y recordó que su mujer lo dejó, pero que ahora se está consiguiendo una señora de 80 años con la que se quiere casar. Le agradecí por compartir su historia y después me encontré con un indigente al cual le dije que yo era periodista y que si me podría contar alguna experiencia, cuando me respondió: "Ah, yo también soy periodista". Y puso su mano como un micrófono y dijo: "Caracol, RCN, ahora estoy en Caracol y en RCN pero ya me pasaron para Teleantioquia". Preferí alejarme y él seguía persiguiéndome y diciendo: "Es en serio, ¿no me cree?" Por fin se quedó atrás, pero yo seguía escuchando su voz repitiendo lo mismo. Hasta que comprendí aquella famosa frase: "cada loco con su tema.
Luego, caminando por Carabobo conocí la variabilidad de vendedores ambulantes que se encuentran, tales como el viejito que siempre se hace en la esquina para vender el periódico, los que se ganan la vida vendiendo minutos a 200 pesos, el vendedor de Bonice, y la variedad de productos que encontramos mientras caminamos por esa calle en donde música ambiental es el reggeatón y las coristas son las vendedoras de estos almacenes gritando: "Se le tiene el blue jean en promoción, bueno, bonito y barato", "¡Choco cono a $500, llévelo y disfrútelo!". Mejor dicho, en este lugar pregunte por lo que no hay que de todos modos se le tiene...
Terminando mi recorrido, por el parque San Antonio, Julio Enrique Cardona mostró su cédula, la cual decía que nacio en 1940: no es necesario decirle "viejito". Julio contó que fue "echado" de su pueblo Sonzón porqué le quebró "el coco de la cabeza" de alguien que lo estaba molestando y al poner su mano a punto de dar un puño, mostró la gran fuerza que todavía tiene y como todo buen caballero me dio la mano para despedirse.
Como en este sitio se encuentra toda la ciudad de Medellín reunida, no podía faltar la señora muy elegante y muy campante andando en pleno Centro con sus gafas Gucci, un reloj Rolex y un bolso con el que podría alimentar a todos los indigentes de este lugar. No sé si habrá llegado a su "mansión" con todos sus accesorios sanos y salvos, lo que si sé es que estaba fuera de lugar.
De pronto vi a un policía y pensé: "El me podrá contar una fascinante historia", pero fue todo lo contrario: se quedó pensando más de tres minutos qué decirme y al final me dijo lo más común que ocurre en este sitio: "Hace tres días cogieron a dos negritos robando una Blackberry a un muchacho". Sinceramente, me contaron mejores experiencias las ancianas que me ignoraron que el policía; pero bueno, fue muy satisfactorio tener la oportunidad de conocer tanto, en tan poco tiempo y en un lugar que tiene tanta historia.


No hay comentarios:
Publicar un comentario